Por: José Luis Rodríguez R.
Carlos Arteta, profesor del departamento de Ingeniería Civil, analiza el riesgo sísmico del Caribe colombiano a propósito del terremoto de magnitud 7,4 ocurrido en el país. La historia sísmica de la región, la falla de Oca y las características de las edificaciones son factores a considerar.
Las fallas de Boconó, San Sebastián y la Falla de Oca permiten entender el movimiento de la placa del Caribe.
El terremoto de magnitud 7,4 ocurrido el lunes, 10 de agosto, en el occidente de Colombia puso nuevamente la actividad sísmica en el centro de la conversación nacional. Aunque el epicentro del evento se ubicó lejos del Caribe colombiano, el fenómeno plantea diferentes preguntas sobre la gestión del riesgo, entre esas la preparación de las regiónes periféricas del país frente a un eventual sismo de gran magnitud.

Carlos Arteta, profesor del Departamento de Ingeniería Civil y Ambiental de la Universidad del Norte, doctor en ingeniería sísmica, explica que el impacto de un terremoto no depende exclusivamente de su magnitud. Para evaluar sus posibles efectos también es necesario considerar la distancia entre el lugar donde se origina el evento y el sitio de interés, además de las características del suelo. “Entre más grande sea la magnitud, mayores serán los daños. Entre más corta sea la distancia, mayores serán los daños. Y mientras el suelo, en general, sea más blando, mayores serán los daños”, señala el académico.
En el reporte preliminar elaborado desde la Red Colombiana de Investigación en Ingeniería Sísmica (CEER por sus siglas en inglés), conformada por universidades del país, entre esas Uninorte, se encontró que en Manizales y en Cali las sacudidas registradas superaron lo que predicen los propios modelos de atenuación, y que dos estaciones se apartaron notablemente de lo esperado. «La explicación más probable está debajo de las ciudades. El mismo evento, filtrado por suelos distintos, produce movimientos distintos», advierte el profesor.
El suelo es el componente más local y, con frecuencia, un gran determinante para el daño. Un depósito de suelo blando explica Arteta, puede amplificar el movimiento del terreno entre dos y cinco veces respecto a lo que se sentiría sobre roca, dependiendo del periodo de vibración y de las características del depósito. Esa diferencia decide si una edificación resiste o falla, y caracterizarla ciudad por ciudad es lo que se conoce como microzonificación sísmica.
