El Festival del Pastel de Pital de Megua vendió 31.730 pasteles y alcanzó ventas por $571.140.000, superando en $101 millones los resultados de 2025, con un crecimiento cercano al 21,5 % en ingresos. El Festival de la Arepa de Huevo de Luruaco alcanzó 52.000 arepas vendidas durante el fin de semana, consolidando su impacto turístico y económico.
El departamento del Atlántico vivió un fin de semana con sabor a tradición, fogón encendido y economía popular en movimiento. Los festivales del Pastel de Pital de Megua, en Baranoa, y de la Arepa de Huevo, en Luruaco, confirmaron que la gastronomía es una de las grandes puertas de entrada al departamento y una fuerza real de desarrollo para sus comunidades.
Durante los días de celebración, miles de visitantes llegaron a estos dos destinos para disfrutar recetas que son patrimonio vivo del Atlántico: el pastel de arroz envuelto en bijao, preparado por generaciones de familias pitaleras, y la arepa de huevo, símbolo de Luruaco y referente gastronómico del Caribe colombiano.

El gobernador Eduardo Verano destacó que estos resultados reflejan el poder de las tradiciones cuando se articulan con el turismo, la cultura y el desarrollo económico local. “El Atlántico volvió a demostrar que su cocina tiene historia, identidad y capacidad de generar oportunidades. Cada pastel y cada arepa vendidos representan ingresos para nuestras matronas, para los emprendedores, para los transportadores, para los productores y para las familias que viven de esta economía popular. Desde la Gobernación seguiremos respaldando estos festivales porque son orgullo, patrimonio y desarrollo para nuestros municipios”, afirmó el mandatario.
Pital de Megua volvió a envolver tradición y economía popular: el Festival del Pastel vendió 31.730 unidades y alcanzó ventas por $571.140.000, con una diferencia de $101 millones por encima de la edición anterior, una cifra que se sintió en las cocinas de las matronas, en los emprendimientos, en los proveedores y en los pequeños negocios del corregimiento.
El balance también dejó 20.000 visitantes, 600 empleos directos, 50 empleos indirectos, 63 matronas participantes y 58 emprendimientos y artesanos vinculados, cifras que confirman que este festival no solo celebra una receta tradicional, sino que activa una cadena económica que beneficia a familias, comerciantes, hacedores culturales y prestadores de servicios locales, según informaron los organizadores del festival.
El corregimiento de Baranoa volvió a convertirse en punto de encuentro para familias, turistas, amantes de la cocina tradicional y visitantes que llegaron atraídos por una receta que conserva memoria, técnica y sabor. Allí, las matronas fueron las grandes protagonistas de una fiesta que no solo se mide en ventas, sino también en transmisión de saberes, orgullo territorial y fortalecimiento de pequeños negocios.

En Luruaco, la versión 37 del Festival de la Arepa de Huevo también dejó un balance contundente: 52.000 arepas vendidas, cerca de 30.000 visitantes, 70 matronas participantes y 130 familias beneficiadas de manera directa. La llamada ‘cuna y capital mundial de la arepa de huevo’ volvió a demostrar que su producto insignia es mucho más que una preparación gastronómica: es una marca territorial que atrae, moviliza y genera ingresos.
La secretaria de Desarrollo Económico, Marisabella Romero, resaltó que estos encuentros activan una cadena que va mucho más allá de la venta de alimentos.
La Secretaría de Cultura y Patrimonio ha acompañado estos procesos desde la protección de los saberes tradicionales, el reconocimiento a las hacedoras y la promoción de las manifestaciones culturales que hacen parte de la identidad del Atlántico. “Cuando una tradición convoca a miles de visitantes, genera ingresos para las familias y mantiene vivos los saberes de nuestras matronas, estamos frente a un patrimonio que también impulsa desarrollo. Por eso seguiremos respaldando estos festivales, que son parte esencial de la identidad del Atlántico”, señaló Verónica Cantillo, secretaria de Cultura y Patrimonio.
Con estos resultados, Pital de Megua y Luruaco se consolidan como paradas obligadas del turismo gastronómico del Caribe colombiano. El éxito de sus festivales demuestra que cuando la tradición se organiza, se promueve y se respalda, también se convierte en empleo, ingresos, circulación económica y oportunidades para las familias del territorio.
